Me levante, en otro domingo soleado, otoñal y bonaerense.
Con ese capricho que últimamente me invade, esa irracionalidad de mi cuerpo, de no querer dormir después de alguna noche agitada.. Como si quisiera seguir con los amigos, celebrando las risas, las charlas y el vino, aunque todas ya se fueron y están durmiendo. Como si la fiesta no se hubiese terminado.
Hoy me despierto con Limona a los pies y un inmenso y cálido sol que asoma a la gran ventana. En la casa platense de mi amiga, un cálido sol provinciano.
Como un ritual me preparo el mate, mientras una ráfaga, o algo me trae su recuerdo, pienso en ella y en aquel día en que nos abandono. Y como si me hubiese escuchado, y como si hubiese lo planeado, en el camino a la pieza encuentro "Las trampas del tiempo". Y me siento en el amplio living acompañada a leerlo.
Todo como si todo fuera parte de una plan macabro o dulce, todavia no lo se. El libro esta marcado en el capito XXVII, en ese brillante y contradictoria capitulo que tanto nos definió, con un "mundo diverso y contradictorio, ... donde somos un universo cargado de delirios, de supuestos paraísos, de espejos falsos y llaves enmohecidas".
Sigo leyendo, y siento como si en realidad me lo estuvera contando, como si la escuchara y me dictara cada verso, cada palabra.
Hasta que ocurre que llego ahi, ahi donde no queria llegar: a los 20 años y a ser dueños del mundo.
Tu voz desde un país lejano, se me vuelve inaudible. ¿tu mirada de viajero impenitente y de celebrado deportista, se perderá en la cumbre de una montaña o acariciara los cabellos de tu hijo?
¿O estarás en un agasajo y por qué no, rozando las piernas inquietantes de una provocativa chiquilina?"...
" Recuerdo cuando nos conocimos y ambos teníamos veinte años y éramos los dueños del mundo.
Pero el mundo era tan ancho, tan inmenso, que no sabíamos a donde ir.
No sabíamos si París nos estaba aguardando o si los toros de Ronda nos impresionarían con su bravura o si Cambridge nos aguardaba expectantes con las puertas abiertas de sus claustros cargados de talentos, de prosapia, y de moral rígida y transgresora a la vez.
El mundo entonces era una fiesta.
Todos los caminos conducían a la felicidad.
A la novedad.
A la aventura.
Las piernas eran ágiles.
La mirada transparente.
Las bocas dulcisimas como fruto maduro de estío.
¿Y el alma?
El alma volaba dichosa por entre la encajería de los sueños.
Por paisajes incandescentes.
por insoportables dulzuras desconocidas.
Después, ¿qué sucedió?
Sí.
¿Que sucedió después?
Pues, la vida."
...
Fragmentos de Susana Soba.
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